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Mi nombre completo es MAURO OMER, y mis apellidos de lo más castizos: CABRERA ALARCÓN. Mauro se llamaba mi padre, porque nació día de San Mauro, el 15 de Enero (no lo olvidéis para felicitarme), siempre se confunde con Mauricio. Ni hablar de mi segundo nombre, que muy pocos lo conocen, y que lo confunden con Homer o con Omar. Es un nombre que viene de la familia de mi madre, ya que mi abuelo materno era admirador de un cura crítico literario de fines del siglo XIX y comienzos de XX, llamado Omer Emeth. Mauro quiere decir "africano" (o "moro") en tanto que Omer es la versión judía del árabe Omar (cronológicamente es al revés) y se refiere a las gavillas de la cosecha de trigo. Y como gran coronación de los aspectos de mi vida personal, que poco importan al resto de la Humanidad, pero que podrá satisfacer la sana curiosidad de muchos, he de decir, que formé mi familia ideal con Nancy, que es por cierto, al menos para mí, la esposa y compañera también ideal. Con ella resido desde el 2002, en Palma de Mallorca, tal vez el lugar con mejor calidad de vida del Mundo.
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Fui el hijo único de mis padres Inés y Mauro, viniendo al mundo en Santiago de Chile un 22 de Octubre de 1954. Mi niñez y adolescencia, fueron con los altibajos propios de la situación del país donde nací, los de un chico normal de clase media. Pude crecer en un país de larga tradición democrática y republicana, lo que me permitió apreciar en toda su dimensión, lo que significó el paréntesis de 17 años del gobierno de Pinochet. Me tocó vivir el antes, durante y después. Siendo una valiosa lección de Historia y Sociología, difícil de adquirir sólo de oídas. La moraleja es que nada justifica restringir la Democracia, ni la pérdida de ninguna vida, sea del bando que sea. Confieso que habiendo nacido y crecido en una República, podría resultar difícil adaptarme a vivir en un Reino como es España, pero es tanto el patrimonio cultural común, que un chileno se siente aquí muy cómodo. Como lo atestigua la doble nacionalidad que poseo. Por lo demás, le guste a muchos o no (de allá y de acá), Hispanoamérica, no es más que España al otro lado del Atlántico. (O mejor dicho, Iberoamérica no es más que la vieja Iberia al otro lado del Atlántico)
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Mis estudios básicos y medios fueron en Colegios de curas y españoles para más señas. Es difícil creer que hay tanta diferencia entre unos y otros. No mencionaré las malas experiencia, pero sí he de agradecer el esfuerzos que los Claretianos hicieron para "civilizar" un poco a la manada de incontrolables adolescentes de mi generación, tarea harto difícil y que no sé, al menos en mi caso, si lo han logrado. Luego vino mi entrañable ALMA MATER (con mayúsculas), la Universidad de Santiago de Chile (la USACH), que intentando iniciarme en los secretos de la Ingeniería en Control Automático y Sistemas Digitales, despertaron el amor por el Gran Conocimiento y pude entender la "locura" familiar, que en momentos difíciles sacrificó lujos, pero nunca los libros y revistas que alimentaron incontables e inolvidables tertulias.
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Ya en el tráfago laboral, fueron las crisis económicas las que rigieron mi vida, a las que debo haber practicado nada o poco mi profesión original, pero que me obligaron a adentrarme en las ciencias de la Administración de Empresas. Tuve la fortuna de participar en los comienzos de la generalización de la aplicación de la Informática y tuve también la fortuna de poder compartir mis conocimientos, encontrando que la "educación de adultos" es una de las actividades más gratificantes que se puede desarrollar. Otra grata experiencia académica fue mi Diplomado en Métodos Cuantitativos" en la Pontificia Universidad Católica de Chile, dándome el empujón final para poder ser más eficaz en la labor misionera autoimpuesta de perfecionar los conocimientos de quienes me rodean. No puedo dejar de mencionar mi más reciente experiencia académica, en un curso de DIRECCIÓN DE PROYECTOS de la Universidad Metropolitana de Madrid, que seguí para reciclar un pòco mis conocimientos en el tema. Sólo lo puedo calificar de excelente y me dejó un muy buen "sabor de boca". Ahora (2008) he tenido otra muy buena experiencia en la UNED a la que he tenido que acudir para revalidar antiguos títulos ya oxidados. Lo bueno, que intentan estar a la altura de su fama de ser la Universidad más estricta del Reino. Aquí es muy válido aquella frase evangélica de "muchos son los llamados, pero poco los escogidos". Lo malo, que es cierto lo que me dijo un profesor al comenzar: "Olvídate de dormir", pero el esfuerzo vale la pena y mucho. Veremos en qué acaban estas misas...
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